jueves, 25 de julio de 2024

Elena Chiozza/El Pellegrinense/Año 2004








No conocía a la profesora Chiozza  hasta que comencé a editar este periódico. Una y otra vez, compañeros y docentes de la Escuela la mencionaban con sumo cariño, resaltando sus cualidades docentes, su condición de autora de numerosos libros académicos y su "militancia en favor de los derechos de los docentes y de los alumnos", actuando en tal sentido, codo a codo con el profesor Osvaldo Giorno. La profesora  se vio obligada a dejar nuestra escuela por razones politicas en el año 1975, durante la gestión de Ottalagano al frente de la UBA. Jamás se reincorporó a ella.

Nuestra escuela, perdió, así , a una de sus mejores docentes.
Fiel reflejo del destino de la historia de nuestro pais, donde la intolerancia por motivos ideológicos o político-partidarios  se fagocita a sus mejores representantes.

Deseo invitarlos a descubrir y a reencontarnos con esta docente  , que con sus 85 años, aún ejerce la docencia y confiesa, que hasta hace poco viajaba dos ó tres veces por semana a la Universidad de Luján en el colectivo 57 para acceder a su puesto de trabajo.
Le damos la bienvenida a la querida profesora Elena Chiozza. 


¿En que año ingresó como profesora del Pellegrini ?

Ingresé en 1956 ; había egresado de la facultad en 1942 con medalla de oro, me presenté al concurso del Pellegrini en 1950, pero no entré porque no reunía las condiciones políticas requeridas.

Ingresé por concurso. El Rector era el profesor Digiorgio. Fue un lujo trabajar con él. Era una persona de una cultura y un criterio extraordinarios. Seguro de que el medio de ascenso social era la educación, todas sus energías estaban puestas en poner la educación al alcance de todo el mundo, y además una educación que no hiciera discriminación de ningún tipo, y en especial, ninguna discriminación de tipo religioso ni político. El tuvo una amplitud de criterio muy grande y le dio al colegio un aire de libertad con responsabilidad, con unos resultados increíbles, porque el rendimiento de los alumnos era excelente.



Fue una época de mucha camaradería a pesar de que los viejos profesores nos miraban con cierto recelo a los nuevos profesores.
Había un clima festivo en la escuela. Recuerdo, en particular, a la profesora Roble; en su juventud habría sido una mujer bellisima; tenía alrededor de 70 años cuando yo ingresé al colegio. Era profesora de inglés. Tenía una hermosa casona cerca del colegio con muchas habitaciones. Un día me invitaron a su casa. Esos profesores, tan serios en el colegio, estaban disfrazados, tocando el piano, la guitarra . . . Una verdadera sorpresa para mí.
Recuerdo también a Biolcati, a Miroli, a Enrique Grande. Enrique, a pesar de ser médico de origen, tenía un gran fervor por las letras y el teatro. Junto con Enrique y otros profesores estimulábamos la música, el teatro, las artes y alentábamos conferencias en el colegio. Dábamos libertad a los chicos para que desarrollaran este tipo de tareas. Eran actividades extracurriculares.
Otro que tenía trascendencia, pero en el aspecto gremial, era el profesor Migliaccio. Yo no tenía mucha   vocación gremialista. Paulina Quarleri era otra compañera, con cátedras en el CNBA.

En el año 1962, fallece el profesor Digiorgio y lo remplaza Biolcati. ¿Cambia el colegio ?

Cambia muy lentamente. Biolcati no tenia la militancia de Digiorgio, pero su gestión  no fue negativa para el colegio. Biolcati le dio más trascendencia a las cuestiones administrativas. Algunos administrativos no eran “ muy santos” y eso le trajo problemas.
Solía filtrarse algunos temas del examen de ingreso.
Algunos profesores entregaban los temas en secretaría antes del día del examen, y ahí se filtraban. Biolcati estaba más apegado a las formas y ese derivar tareas en terceros lo perjudicaron. Por otro lado, ingresaron en esa época muchos profesores sin concurso. Giorno como yo y algunos otros profesores luchábamos para que hubiera concursos. El amiguismo es siempre un mal consejero.

La cátedra de geografía tenía dos excelentes profesoras, pero tal vez, demasiado rigurosas; me refiero a Bacigalupo y a Giró.

Desde el punto vista académico no hay nada que objetar; tanto Pampa como Margarita fueron siempre muy estudiosas. Pero eran el reglamento en pinta. De una severidad extrema, nos encontrábamos en las mesas de examen. La Sra de Marcchiona, la Sra de Aréchaga, Olga Ferroni y yo éramos siempre las que les tirábamos algún salvavidas a los chicos. Ellas tenían una memoria fabulosa, pero me parecía mas interesante que los chicos comprendieran cual era el proceso por el cual los fenómenos llegaban a ser lo que eran, en qué sentido podían evolucionar y que esos conocimientos les sirvieran para desempeñarse en la vida.

Yo era jefa de cátedra y respetaba a cada uno en su modalidad, porque la libertad de cátedra es justamente eso. ¿Quién puede decir que yo estaba en lo cierto y las otras profesores no ?

Ud. estaba presente en el colegio cuando se produce el golpe en contra de Illia. Tengo entendido que ese golpe la afectó mucho.

Me afectó muchísimo porque vi clarito lo que venia después. Me afectó tanto que les expuse a los alumnos en ese momento cuál era el panorama negro que venía después, por el hecho de violar la Constitución. En ese momento fue tan fuerte  mi malestar que muchos años después, un día me invitan a dar una conferencia en el CEAMSE y yo fui y di una conferencia sobre cuestiones ambientales.

Un señor se levanta y aparece a la altura del estrado y cuando termino de disertar, él interviene y dice:
-Yo no quiero preguntarle nada, sino agradecerle una lección de civismo que la profesora me dio cuando yo era alumno suyo del Carlos Pellegrini. Ella lloró en clase porque se violaba el régimen constitucional “
Se trataba de Marcelo Cohen, entonces presidente del CEAMSE.y discípulo mío.

¿Hasta que año estuvo en el colegio ?

Estuve hasta  el ’71, fui a Bahia Blanca en ese año a la Universidad Nacional del Sur a dirigir el departamento de geografía. Reorganicé el departamento. El peronismo gana en el ‘73, yo no podía tolerar la violencia que se ejercía sobre docentes y alumnos y además, al poco tiempo no me renovaron el contrato.

Volví a Buenos Aires y me reincorporé al colegio en 1974. Estaban Vilutis, Sejem, López Crespo y Esper.

Esper es la persona más maligna que he conocido. Nos tenía a todos aterrorizados y evidentemente lo manejaba a Vilutis.
Lopez Crespo renunció porque una mañana  el resto de los vicerrectores fueron a su casa  y le anunciaron su renuncia. Lopez Crespo no tenía una visión tan verticalista; era más laxo, más democrático.

Para mí el colegio se divide en dos tiempos: del 56 al 71 y del 74 al 75 cuando me fui. En el ’74 el clima en el colegio era muy feo.Había como un aire trágico sobrevolando.

Yo fui muy feliz en el colegio, trabajaba en los tres turnos, después de ganar sucesivos concursos, era profesora de tiempo completo. Por tal motivo tuve que renunciar al Normal Nº 1.
Hubo vicerrectores muy buenos, por ejemplo, Vela Huergo. Luego Rolando Riviere, todas personas con trayectoria, con cultura. Yo estaba todo el día en el colegio. La otra pérdida importante que tuvo el colegio fue el profesor Roberto Rojo, el tío de Susana Sobna Rojo.
Susi hace honor al apellido de Rojo. Roberto fue una persona excepcional. Con él y con Raquel Arechaga éramos muy amigos.

En la segunda etapa, recuerdo que  ingresa al colegio como asesor espiritual el padre Carbone. Tenia un cuartito al lado de la escalera. Era un desfile permanente de chicos. Un día fui y le dije a Vilutis que estaba contribuyendo a la destrucción del colegio. Los advenedizos querían destruir a la elite intelectual. También le dije que nuestra escuela era pública y laica y que no sabía por qué él tenía que traer a un sacerdote al colegio. Además, un personaje como Carbone con los antecedentes que tenía . . . . 


Mi segunda etapa en la escuela fue muy difícil.
Un día entrando a una división veo a la señora de Ceballos, que sale llorando. La señora de Ceballos era una persona muy difícil, muchas veces arbitraria. De todas formas les dije a los chicos que no era mediante agresiones la forma en que se dirimían las diferencias, sino dialogando. A   partir de ese momento, gran parte del curso se mostró hostil hacia mí.Se cierra el colegio en septiembre del ’74.


Vino la intervención con un Sr Marini, que era un trastornado y un borracho.  Cuando se reabre el colegio, yo tenía clase con esa misma división. Yo necesitaba calificar a los alumnos y le  pedí al celador que no los despachara. Fui a hablar con Marini, y le dije que necesitaba que mi división se quedara porque necesitaba calificarlos.

-“Ellos tienen derecho a ser calificados por lo que saben”, le dije.
-“Ud tiene derecho a a ser comunista”, me contestó.
-“Yo defiendo el derecho de mis alumnos a ser calificados”, le retruqué.

Llego a mi casa y al rato llega un telegrama que decía: Suspendida por tiempo indeterminado por indisciplina.

Con ese telegrama me fui a la Universidad, presidida en ese momento por Alberto Ottalagano. El Rectorado estaba en el primer piso; por un lado estaba la Rectoría y por el otro, la Sala del consejo de reuniones de la Facultad de Filosofia y Letras.
En eso, se abre la puerta que comunica con la Facultad de Filosofía y Letras y arriba de lo que había sido la mesa del Consejo de la Facultad, veo alrededor, una cantidad de fascinerosos y encima de la mesa una cantidad de armas.

Yo me dije: 
-¿Yo vengo a pedir justicia acá ? 
Me levanté y me fui. De ahí me fui directo a la Caja de Jubilaciones. Tenía 55 años. Cuando se reiniciaron las clases hubo otro interventor, pero sin que yo se lo pidiera me reintegró a la escuela. En el ’75 tuve un curso nuevamente hasta mi jubilación. Había un clima muy tenso en el colegio. Era difícil. No tuve problemas con los alumnos y me fui con mucha satisfacción, con el cariño de mis colegas.
Perdí, además, mi lugar en la la Facultad de Filosofia y Letras, de donde era profesora “ad honorem”.

Cuando me fui del Pellegrini muchas veces me sentía mal pensando que en el colegio irían a ocurrir las cosas que finalmente ocurrieron. Con Giorno lo vimos claramente.
Esa represión sobre los alumnos, situación en la que los chicos eran los más débiles y  no debían haber dado   la cara. Los mayores los azuzaban para que enfrentaran situaciones que jamás debieron haber enfrentado.

Algunos padres lo vieron como una situación de Juvenilia, pero no fue para nada una cosa romántica.
El propósito de mi actividad educativa ha sido el de educar para la vida. San Agustín es quien ha dicho que no se quiere lo que no se conoce.

Al margen de la actividad educativa propia, tengo otras inquietudes.

Soy autora junto a otros colegas de distintas publicaciones:
1) SUMA DE GEOGRAFIA, publicada en 1956, consta de 9 volúmenes
2) EL PAIS DE LOS ARGENTINOS
3) MI PAIS, TU PAIS
4) EL ATLAS TOTAL, que consta de 10 u 11 volúmenes.
Siempre me preocupó el tema de los recursos naturales y bregué para que la explotación de ellos estuviera a cargo de los mismos argentinos.

Cuando se cerró Sierra Grande, hubo grandes reclamos en la Plaza de Mayo. El gobierno de turno los desoyó y dijo que el yacimiento era inoperable. Hace poco, los chinos compraron ese yacimiento.No recuerdo que la población haya apoyado este reclamo; no hubo piquetes para apoyar los intereses nacionales. Lo mismo ocurrió con Bajo de La Lumbrera; no se le dio un subsidio a la Universidad de Tucumán, que lo pedía para hacerse cargo de la explotación, y en cambio la explotan actualmente canadienses y australianos, contaminando el curso del Río Dulce. Eso nos pasa por ser ignorantes.

¿Cómo ve la educación actualmente ?

La educación pasa por un momento terriblemente critico: ni se instruye ni se educa.El gremio docente , que tiene un sistema de huelgas continuo, hace perder a los alumnos la continuidad y la disciplina en el estudio, se pierde el sentido del esfuerzo y el trabajo.Los profesores certifican su conducta siendo más tolerantes con los chicos, y con el pretexto de que el salario es bajo también han dejado de actualizarse. Los salarios nunca fueron altos y siempre exigieron del profesor mucha dedicación.
En este momento veo que hay un relajamiento general de la disciplina, tanto en el cuerpo docente como en los chicos, que son un reflejo de lo que ven en la sociedad.

Tengo pocas referencias del colegio actual.
Sé que a Abraham Gak le ha tocado una misión tremendamente difícil. Salir de un colegio donde los estudiantes fueron criminalizados y muertos  a un colegio donde se impuso una disciplina militar y tratar de instaurar libertad con responsabilidad, es muy difícil.Me da pena cuando paso por el colegio y veo a los chicos en la vereda sentados en el suelo. Eso me da pena. Creo que de todos modos el colegio sigue manteniendo un espíritu.

He leido alguna vez una de esas revistitas que hacen los chicos, me ha horrorizado la grosería, porque realmente creo que eso no habla bien del tipo de sociedad que estamos construyendo; los que tienen el privilegio de una educación más esmerada se comportan con tanta irresponsabilidad, no pueden expresar sus ideas sino a través de groserías.
Dejé de leerla. (N de la R: La Bola)

Por eso valoro tanto el esfuerzo que estás haciendo con El Pellegrinense. Me parece que es volver a recuperar ese espíritu del colegio, sentarnos desapasionadamente y discutir en qué anduvimos bien y en que anduvimos mal y tratar de hacer que haya realmente ese orgullo de la condición del PellegriniUn orgullo que crea responsabilidades y obligaciones hacia uno mismo y hacia la sociedad.
                                                                      


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