Entrevista al
Licenciado Ramón Vilutis, Rector del Pellegrini 1973-1974
El licenciado Ramón Vilutis, en un acto de colación de grados, en
1973
Corrían los
primeros días del mes de Enero cuando
recibí la noticia de que el Licenciado Ramón
Vilutis, Rector de la escuela en el período 1973-1974, aceptaba generosamente
darnos la entrevista, largamente buscada
y anhelada .
Aquel proyecto académico generó tantos defensores como detractores.
Podremos coincidir con algunas ideas, disentir con otras, pero fundamentalmente, podremos conocer el ideario educativo de una generación, que puso en marcha un cambio estructural de la Universidad como jamás se conociera en nuestra historia.
Compartimos junto con la compañera Patricia Schapiro un almuerzo con el ex Rector, en el que revisamos aquellos intensos años.A continuación, el testimonio de tal entrevista.
Fuiste alumno del Pellegrini y egresaste en 1964; ¿qué recordás
de esa época ?
Yo estudié en un excelente
colegio inglés de Caballito. Entré al Pellegrini desde un lugar de mucha soberbia. En la escuela nos tocó una
división totalmente heterogénea. La heterogeneidad de la gente que concurre al Pellegrini es una de las experiencias más
interesantes que viví en mi vida: barrios, religiones, estratos sociales . . .
; había tipos de doble apellido, reos de clase baja, estudiosos y aplicados. Era un intercambio
muy rico.
Lo bueno de la escuela es que
había una dinámica creativa, más allá de esa cosa institucional tan dura, tan
gris, tan represiva, donde no existía el placer y uno no sabía si estaba en un reformatorio
o en un cuartel militar.
¿Recordás a algún profesor en particular? ¿Alguien que te haya
marcado o alentado a abrazar
determinadas ideas ?
Giorno fue importante. La profesora Marisa Casey, con quien después nos peleamos
mucho, Vivian Burgos ( la Chochi), a quien yo quería mucho,
Lucilo Oriz, con quien tuve una discusión dialéctica
porque él fue profesor mío en el ingreso
en el ’58. Yo le recordé esto en alguna oportunidad y él posiblemente se
molestó porque era, a todas luces incompatible y poco ético que un profesor de
la escuela diera paralelamente cursos de ingreso a esa misma escuela. De todas
formas renunció ( o lo renunciaron ) en 1968.
Tuve un profesor divino en
Biología llamado Rosensweig: recuerdo que siempre nos tiraba
unos huesos en una bandeja y teníamos que saber
de qué huesos se trataba . . .
Patricia: ¡cómo nos hacía estudiar !
Sí, pero era un tipo muy
correcto. La profesora Chiozza
de geografía también
fue excelente: aprendí mucho de geografía con ella.
¿Qué estudiaste una vez egresado del Pellegrini ?
Estudié la carrera de Economía
Política ( así llamada en esa época ) en la UBA; me recibí en 1971.
Posteriormente hice una especialización en planificación estratégica en la Fundación Getulio Vargas, de
San Pablo.
¿Cómo llegaste a ser Rector del Pellegrini ?
Yo
pertenecía a un grupo de estudio conformado por alrededor de 200
profesionales e intelectuales llamado: CEIS ( Centro de estudios e investigaciones sociales). Ese grupo era paralelo a la
Juventud Peronista pero nunca se integró
a los grupos técnicos de esa agrupación.
Junto a mis compañeros del CEIS
dábamos clases en la Universidad de “El Salvador” en una época de resistencia.
Nuestros proyectos eran
indudablemente megalomaníacos, influenciados por nuestra corta edad. Nadie
pensaba en chiquito. Preparamos durante
seis meses un plan de gobierno, se imprimió y se lo hicimos llegar al Tío
(apodo dado a Héctor J. Cámpora, elegido por la vía de las
urnas presidente de la Nación el 11 de Marzo de 1973).
Yo por una cuestión de interés
personal me ocupé de trabajar en el área de Educación, ni como pedagogo ni como
técnico en educación sino como lo que
hoy se llama un gerente administrativo del proyecto. El proyecto fue presentado
a El Tío. El trabajo tuvo cierta divulgación cuando se discute el equipo que va
a presidir la UBA en ese momento. Les recuerdo que los rectores del Pelle y del CNBA participaban con voz y voto de las reuniones del Consejo
Superior.
El Pellegrini
estaba tomado. Había sufrido mucho en los años previos a Cámpora y estaba intervenido por las fuerzas de
seguridad. Había gente que tenía vinculaciones con los Servicios de
Inteligencia del Estado, la mayoría preceptores.
¿Incluís a la profesora Sottile ( Profesora de Historia de 1º y
6º año) entre esos miembros ?
Indudablemente. Tenía ficha en la
SIDE, ficha como funcionaria !
Mis tres vicerrectores: Sejem, López Crespo y Esper
eran abogados y profesores del colegio; ellos habían participado de la
defensa de presos políticos, entre otros actos militantes. Los servicios de
inteligencia estaban claramente infiltrados en el colegio. Sottile es un claro exponente de ello. Su información podía determinar la vida o la
muerte de algún estudiante.
¿Cuáles fueron los logros y los errores de tu gestión ? ¿Cuáles
fueron tus objetivos como Rector ?
Los logros fueron ser coherentes y
estar identificados con un proceso de transformación y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Yo creo que en el
poco tiempo que tuvimos, cambiamos radicalmente el plan de estudios del Pellegrini. Tuvimos muchos problemas: no había muchos
profesores disponibles para remplazar a los desplazados, y varios de ellos no
eran buenos. Por ejemplo, el Pellegrini
nunca había tenido profesores revisionistas, no entraba esa visión.
Cuando hablábamos de un “Plan Educativo para
la Liberación Nacional” queríamos significar, en resumen, un profundo cambio en
la orientación, contenidos y modalidades de la educación argentina en 1973. Se
buscaba ayudar a los educandos a comprender su historia, sus raíces y las de la sociedad a la que pertenecían y
a la cual probablemente mal conocían.
La inclusión de una visión crítica de los
contenidos, su ampliación hacia un profundo debate y cuestionamiento, y la adopción de programas más modernos y ágiles que profundizasen las cuestiones sociales
esenciales, eran características básicas
de esta nueva planificación de objetivos educativos.
En la Escuela esto se materializó en la
incorporación de contenidos revisionistas en Historia, de análisis socio-económico-ambientales
en Geografía y Economía Política, de
innumerables autores nacionales en Literatura y de una explicación profunda del
funcionamiento de los mercados de producción y consumo en Merceología. Esto,
sumado a la incorporación de materias inéditas en la institución -Taller, Artes
Plásticas y Música, entre otras- fueron
rasgos distintivos de nuestro proceso de transformación educativa.
Pero todo esto no habría tenido sentido si no
hubiésemos dado prioridad al alumno como ser humano destinatario de este
aprendizaje. Entonces, inculcarle nociones de justicia social, amplitud y
tolerancia para la vida en comunidad; ayudarlo a entender nuestra historia y
nuestro desarrollo social hasta ese momento, para proyectarlo hacia el futuro
con las herramientas del conocimiento práctico y científico y para fortalecer
sus conceptos acerca del hombre y la sociedad,
fueron los motores básicos de este proyecto educativo.
Creo que estábamos en el camino de su
implantación y desarrollo. Sus destinatarios podrán emitir mejores
consideraciones que nosotros a este respecto.
¿Errores ?
Muchos. El principal error era
ser tan jóvenes. Uno no tenía toda la experiencia que debió haber tenido. A
pesar de ello, nosotros creíamos mucho en lo que hacíamos. La escuela, y esto
dicho por los preceptores, tenía por primera vez a un Rector que entraba a las
7.00 de la mañana y se iba a las 10.00 de la noche.
Por otro lado, fue una barbaridad implementar tantas
materias optativas, varias de las cuales había que cursar obligatoriamente: dos o tres ( a elección)
para cumplir con la currícula. El edificio de la escuela no te permitía
hacer tantos talleres y brindar tantas materias opcionales, habían limitaciones edilicias y
tecnológicas.
¿Qué otros errores ?
Cometimos errores. Algunos
profesores nos criticaron porque se interrumpió un derecho a la jubilación, se lastimaron derechos adquiridos o porque tenían
una serie de prebendas cuando cobraban por horas en las que no trabajaban . Eso en el colegio
existió siempre pero no existió en nuestra gestión.
El enojo de Mme Casey
se basa en la supresión del francés como idioma obligatorio en el
colegio. Me reuní con las pedagogas y discutimos el tema de si era conveniente
que un chico de 12 años aprendiera dos idiomas extranjeros al mismo tiempo. Las
familias de los futuros ingresantes votaron por qué idioma querían optar. La mayoría votó por Inglés.
De todas formas, Francés no quedó suprimido
sino que quedó como materia optativa. Eso tuvo un costo,
muchos profesores se quedaron sin trabajo.
Reconozco que tomamos algunas
medidas arbitrarias; echamos a algunos profesores que no debimos haber echado.
Había que haber sido un poco más conservador, más aliancista.
¿Más conciliador, más negociador ?
Conversador, diría yo.
Explicarles mejor nuestro proyecto y escuchar de nuestros opositores su
opinión. Esa fue una tarea que se hizo débilmente. Era muy difícil estar arriba
del caballo y bajarse: había que seguir.
Era un proceso revolucionario.
Me parece que el término es muy
ambicioso. Nos hubiera gustado que el proceso
hubiese sido revolucionario, sí.
Era el objetivo. La sociedad argentina es muy oscilante: apoyaba por un lado
pero por el otro tenía miedo. Pensaban que se sacaba un gobierno extremista de
derecha y entraba un gobierno duro e irresponsable de ultra-izquierda.
Paralelamente a tu condición de Rector del Pellegrini, Raúl Aragón[1] fue designado Rector
del CNBA. El aplicó una política más conservadora, aún dentro del marco
revolucionario de la época.
Con Aragón discrepábamos en que él aplicaba una política conciliadora
con mucha gente de la que los propios alumnos, quienes habían sido los que lo
ungieron como Rector, renegaban. Teníamos una buena relación. Raúl es una muy
buena persona. Además él quiere mucho a sus alumnos. Tenía una actitud mucho
más paternalista, en cambio yo era mucho más cabrón.
Yo no toleraba las agresiones al
patrimonio edilicio de la escuela. Eso me parecía una vergüenza. A tal punto de
que había un taller dedicado especialmente a recuperar aulas del colegio, con
el protagonismo de los chicos y la ayuda de electricistas, carpinteros, etc.
Esper es un vicerrector sumamente cuestionado, particularmente
criticado y hasta odiado por muchos docentes
de la escuela.
Tenía sus convicciones muy
firmes.
López Crespo era un tipo más amplio.
Yo no quisiera hablar de López Crespo
( N. de la R.: el profesor
López Crespo presenta su renuncia a poco de iniciada la gestión de Ramón
Vilutis, y en su lugar, se incorpora
como Vicerrectora la profesora Sara Vinocur –ex de Tirri.)
La Universidad entendió que era
bueno que viniera alguien de afuera , pero no mucho. Yo era de afuera, pero era
ex alumno de la escuela. Eso me daba cierto plafond político. Yo condicioné mi
aceptación a hablar con el cuerpo de delegados estudiantiles que tenía el colegio; así como acepto y aliento la vía democrática para acceder a los cargos electivos,
de tal forma procedí.
Yo pensaba que no había que hacer
cambios pequeños, cambios insignificantes, cambios de lenguaje; había que hacer
cambios que transformasen a una sociedad que claramente había perdido.
¡Había que apostar fuerte !
De ahí que hablé con los alumnos.
Nos llevó dos noches de charlas: había chicos que pensaban que yo era demasiado
liberal. Finalmente nos pusimos de acuerdo.
Yo fui una especie de intérprete de aquellos
chicos entusiastas, que tenían objetivos, ilusiones, utopías.
¿No te parece que responder desde el Rectorado al mandato de chicos de 16 años es un poco aventurado y tal vez irresponsable
?
No es tan desnudo y crudo como vos lo
decís. No hicimos un colegiado de la escuela; la escuela se manejaba entre el
Rector, los tres vicerrectores y las tres especialistas en pedagogía.
Lo que hubo fue una reinterpretación del deseo de los estudiantes, en cuanto a cómo y
cuánto cambiar una institución en lo que se refiere a su contenido. Te doy
algunos ejemplos: se tocó rock por primera vez en la escuela, estuvo Sui
Generis en la escuela. Yo me sentí absolutamente orgulloso de estar sentado en
la primera fila invitado por los chicos, y no lo hacía demagógicamente.
Además, existieron innumerables trabajos de extensión cultural, adecuados a
atender jóvenes desde los 13 a los 17 años. Expresión corporal,
ciclos de cine, clases de teatro, artes plásticas, salidas grupales a visitar
lugares históricos, y los ya mencionados Talleres.
Recuerdo particularmente a Abel Strejilevich, de la segunda
división TM promoción ‘74 y a otros
chicos cuyos nombres no recuerdo; la mayoría de ellos exiliados o desaparecidos,
tal caso de Abel.
El Pellegrini tiene
una historia muy rica de gente
combativa, que se jugó; había gente que era mucho mejor militante que
estudiante.
En el día del acto de la
asunción , nos echan una pastilla de gamexane en el salón de actos. Puiggrós presidió el acto y se quedó preocupado.
El Pellegrini era un hervidero.
Todo esto era mucho mas
inorgánico de lo que se pintó históricamente; se iban tomando decisiones sobre
la marcha.
Patricia: ¿Fuiste montonero ?
No. No fui afiliado ni
practicante, a pesar de que sentía admiración por los Montoneros. Sobre ese
proceso se ha escrito mucho. Yo no leí tanto, pero hay un libro que cierra el
análisis, que se llama Recuerdos
de la Muerte, de Miguel Bonasso ( N.de la R.: Miguel Bonasso es
actual diputado nacional).
Ahí muestra como la ideología
montonera tenía en sus líderes una gran semejanza con la ideología de sus
contrincantes. Cuando ambas cúpulas, la
de Montoneros y del ejército dialogan epistolarmente y se utilizan términos casi idénticos uno se
da cuenta de que había una clase “militar” (sic)en ambos grupos. Sin embargo, la lucha
armada en la Argentina viene de larga data, mucho anterior a la aparición de
Montoneros, e inundó de sangre la historia argentina
¿Entre los errores, no reconocés que el uso de la violencia
empañó la búsqueda del objetivo ?
¿En el Pellegrini ?
Por ejemplo.
Yo tuve una reunión con un grupo
de estudiantes que la hice en la oficina del Rector, donde los chicos llegaron
y pusieron sus revólveres sobre la mesa; yo les dije que en esas condiciones no
haría ninguna reunión. Me parecía que ese no era el ámbito y en todo caso, yo no
podía ser connivente con ese tipo de
situaciones. Cada uno de los chicos guardó sus armas.
Hoy, ante la misma situación, me imagino que tendrías una
actitud menos contemplativa con ellos y
seguramente los hubieras expulsado o hubieras salido corriendo . . .
Mirá, yo no sé lo que haría
hoy; yo pensé que no podíamos tener una reunión de entendimiento
con pistolas en la mesa. ¿Eran más hombres o más políticos porque andaban
armados ? ¿Querían intimidarme ?
En la entrevista a Sara Vinocur (ver El Pellegrinense Nº 3
segunda parte), vicerrectora durante tu gestión, ella nos dice que lloró una vez reincorporada
en el ‘83 porque se sentía culpable por haber sobrevivido mientras varios de
sus alumnos habían sido asesinados o habían desaparecido; ella de alguna manera
se sentía responsable por el camino que varios de ellos habían tomado. ¿Te
identificás con este sentimiento?
Yo creo que Sara Vinocur necesita un buen psicoanalista.
No me siento culpable; yo no le
pedí a nadie que matara a nadie ni di
ninguna clase de Economía Política donde dijese que el enemigo tenía que ser
exterminado o aniquilado. Yo enseñaba cómo la sociedad fue condenada a décadas
de padecimientos y sufrimientos a partir del ejercicio de una política que
solamente contemplaba a los poderosos; si eso es mandar a alguien a la muerte,
sí lo hice. No en los términos en que lo plantea ella.
Yo monté un gabinete pedagógico
en el Pellegrini de tres profesionales de primer
nivel; ellas dieron las líneas maestras del nuevo plan de estudios. Este plan
de estudios tenía como objetivo formar personas mucho más útiles a la sociedad;
no solamente formarlos para ser contadores, economistas o licenciados en
administración. Yo me emociono con la defensa del Taller porque para mí era una
línea de pensamiento. Yo siempre pensé que como ex alumno del Pellegrini, en mi casa nunca enmendé un enchufe ni
sabía cómo reconocer los distintos tipos de madera. El lugar para aprender esto
era la escuela. Discutimos con los profesores antiguos y ninguno de ellos nos apoyó. Sostenían que “eso se iba a
convertir en una carpintería” o que “el colegio perdería nivel”. De ahí
esa famosa solicitada que publicaron en los diarios que sostenía que Vilutis quería nivelar para abajo la educación
del colegio.
No era mi intención. Si hacer un taller en la concepción
conservadora tradicional burguesa es nivelar para abajo, nivelemos para abajo y
hagamos que la gente se manche un poco de pintura. Esto no es el obrero al poder, como algunos sostenían.
En las discusiones con mis adversarios,
yo notaba un nivel paupérrimo por parte de ellos; eran lamentables, estaban en el siglo XV.
¿Qué posición tenía el profesor Giorno, quien había sido hasta
pocos años atrás presidente de la Asociación de Profesores que nucleaba a los
docentes del Pellegrini y del CNBA ?
Giorno era
un caballero. Siempre me decía lo que él pensaba, que generalmente era
diferente de lo que nosotros hacíamos. Él estaba vinculado al Partido Radical y
el partido Radical era lo que siempre ha
sido: mediocre, nunca se arriesgó a nada, tuvo un verdadero líder que fue
"el Peludo" a quien el propio partido se lo fagocitó. Tuvo
otro gran líder que fue Balbín que entendió un poco la realidad de la historia.
Los radicales nunca comprendieron en qué sociedad estaban inmersos. El
Radicalismo ha sido un partido mediocre.
¿Cuándo pensás que empezó a caerse todo el
proyecto que Uds. habían comenzado a implementar ?
El día que
Perón echó a los Montoneros de la plaza nos dimos cuenta claramente de que las aguas estaban divididas, y no a
nuestro favor. Fuimos criminalmente separados.
¿Después de septiembre
del ’74 qué pasó con vos ?
Nos echaron en septiembre del
’74. No pudimos entrar más al colegio. Medicina y el Pellegrini fueron las dos únicas instituciones de
la UBA que no pudieron reabrir en el ’74 porque el plantel de profesores fue
radicalmente podado. No quedaron profesores.
Nosotros
habíamos hecho un trabajo tan arduo y tan profundo con el cambio de plan
de estudios y la designación de nuevos profesores,que
nuestros adversarios no pudieron cambiarlo rápidamente.
Fui amenazado. Me fui en el ’76
de Argentina. Nos fuimos a vivir a
Brasil. Desde entonces vivo allá.
¿Aún mantenés tus convicciones políticas ?
Yo formo parte de aquellas
personas que piensan que este mundo no es aquél por el que uno luchó; yo pienso
que es un mundo más triste, más pobre, más destruído, más antagónico que aquel en
el que me hubiese gustado vivir. Pero habito en él. Yo adhiero al Foro Mundial,cuya última
reunión se celebró hace poco en Brasil, porque entiendo que es el que sostiene
o alienta el mundo en el que me gustaría vivir.
Patricia:¿Creés que la izquierda peronista representaba a la
sociedad ?
Yo pienso que la sociedad estaba
harta de ser maltratada, de ser desconsiderada, era antimilitar y se
identificaba con lo que pudiera hacer algo por ella; si hubiera existido una
derecha populista o una derecha progresista hubiera pasado lo mismo.
Eduardo: ¿qué opinás de este renovado
reencuentro entre pellegrinenses ?
Leo siempre El
Pellegrinense y me emociona hacerlo. Este hermoso proyecto que has
fundado y gestado vos a través de El Pellegrinense,
esto que vos has logrado, que te manden
cartas desde Haifa, de Madrid o de Lima, tiene
el valor de rescatar una identidad construida a
partir de las diferencias.
Si pudiéramos hacer un libro de cada una de
las experiencias relatadas en El Pellegrinense,
haríamos un verdadero tratado acerca de la realidad educativa. Las
identidades o identificaciones que se consiguen son difíciles de destruir, más
allá del camino de cada uno.
La condición humana se revela en ese
momento. Si muchos pensamos que nuestra
experiencia deja de ser una experiencia individual para transformarse en una
experiencia colectiva, es un empujón más.
Yo me junté con mis compañeros del Pellegrini después de muchísimos años. ¡Me
vinieron a buscar a San Pablo ! Tuve el placer de juntarme con varios de
ellos para dos fines de año y fue un intercambio de experiencias maravilloso.
Rescatamos todas las ricas vivencias de nuestra escuela y
fundamentalmente nuestra amistad.
Paradójicamente, lo
esencial de toda esta historia, de mi historia personal, es haber sido alumno
del Pellegrini, pero no lo digo como una forma
de culto; me refiero a la rica experiencia de compartir un grupo estudiantil
disímil en sus orígenes y en su historia.
Patricia: La realidad latinoamericana actual, en la que predominan
gobiernos de izquierda, significa de alguna manera la recreación de la década del
’70. A mí me da un poco de miedo todo
esto.
Yo pienso que si a esto se le
aplican modelos serios de
administración, si se plebiscita constantemente al pueblo acerca de medidas
esenciales, si se legitiman las acciones de gobierno, podemos pensar que este
proceso tendrá una vía larga. En lugar de gastar tanto dinero en encuestas,
debería gastarse ese dinero en consultarle al pueblo.
Entiendo que el hombre ha
elegido el camino más perezoso, seguramente inducido por el consumismo y los
medios de comunicación : no es el hombre nuevo con el que nosotros soñábamos.
Cuando uno llega al poder, suele
distorsionar los objetivos
que cada uno trajo consigo . No
son traidores pero se desvían de su objetivo.
La cancelación de la deuda
externa con el FMI con la que no estoy de acuerdo, debió haber sido conversada y plebiscitada con la población. El
presidente lo pagará a futuro. No
podemos desconocer los enormes intereses que se mueven por detrás. Yo establecería
un vínculo de solidaridad: el poder te aleja de la sociedad.
Sigo apostando al Mercosur.
Brasil es un fenómeno muy singular, Yo siempre he sido petista ( adherente al
PT) y me siento muy defraudado por el gobierno de Lula. Ahí se practicó una
verdadera estafa electoral. Mientras antes mandaban los marines y habían golpes
militares, hoy con cuatro ó cinco
operadores financieros se voltea todo. No hay que ser imbéciles. Hay que buscar
caminos para que no se fragilice tanto una estructura económica. Hay que saber
defenderse. Los regímenes políticos deberían
cerrarse en torno a objetivos nacionales. China, la industrialización de
China, la educación en China, son un claro ejemplo de un éxito colectivo.
¿Querés dejar un mensaje a la comunidad pellegrinense, y en
particular a tus antagonistas de entonces?
Decirles a quienes fueron mis profesores, en mi
condición de alumno o de Rector , que
los considero miembros de una comunidad; si tuviese la oportunidad les
haría la misma invitación que les hago
ahora a ustedes: la de pensar todos
juntos un modelo. Nosotros prescindimos de algunos profesores, decisión de la
cual posteriormente nos arrepentimos. Nos equivocamos. Estar en veredas
opuestas no debe significar pelearse.
Patricia: ¿Estás conforme con tu vida y con la mirada de tu vida
de aquella época ?
Yo me siento un “looser”, como
dicen los americanos. Me siento un perdedor. No es demasiado traumático. Pienso
que el hombre y el mundo por el que luché están bastante lejos de lo que yo
soñé que serían hoy. Eso es verdadero. Podríamos mejorar el mundo en lo cotidiano,
en la convivencia, en lo cultural. Siento mucha lástima por lo que Argentina ha
dejado de ser culturalmente. Menem y Miami nos hicieron muy mal, muy mal.
Quien quiera dar su opinión
sobre la presenta entrevista, podrá dirigirse al siguiente correo: eduardo1803@arnet.com.ar
3.-UN POCO DE PSICOANALISIS VIENE BIEN
por Sara Vinocur
( Profesora de literatura, Vicerrectora en 1974 y actual directora de la
Feria de Mataderos[2])
Coincido con que viene bien un poco de psicoanálisis, especialmente para quien aún hoy no puede ni hablar del vicerrector más talentoso que tuvo la escuela en esa época: Antonio López Crespo. Antonio tuvo que renunciar a su condición de Vicerrector por discrepancias con Vilutis: con su soberbia, su poca capacidad intelectual y el manejo del poder que inducía a chicos a tomar decisiones temerarias, sin poder brindarles un marco de contención mínimo.
. 
En el 74 nos censuraron a casi todos. "Ellos" pasaron a
la clandestinidad; muchos quedamos expuestos. Yo por ejemplo, que no
pertenecía a ningún aparato político, fui amenazada de muerte y
me tuve que refugiar en el interior con mis chicos bebes. El Sr. Vilutis jamás se hizo cargo de nada, ni de
los profesores, ni de los alumnos; nunca
tuvimos noticias de él. Se las tomó.
La muerte de un alumno es siempre dolorosa: "no tiene que ver
con los ciclos de la naturaleza". Es como la pérdida de
un hijo.
En ese momento, leer
determinados textos, ir al teatro, hablar con actores, autores y directores,
ver películas como la Patagonia Rebelde
(al colegio llevé a directores, a Osvaldo Bayer entre ellos, ), era formar personas más libres, más
criticas... La dictadura mató a muchos de ellos. Recuerdo que en mi primer
encuentro con Jesús Rodríguez,, ya en
Democracia, él me contaba que
recordaba la obra de teatro que vio conmigo en el Payró, "La tendenciosa
historia de la clase media Argentina etc. etc." de R. Monti, y que ésta
le había abierto tanto la cabeza que empezó a leer historia y a interesarse por
la política....
Los sentimientos son personales. Yo sufrí mucho esas muertes; hoy estoy
más serena . . . quizás gracias al psicoanálisis y a mi querido Tato
Pavlovsky . . . ¡ ja ja ja !
Pero la verdad es que me marcó tanto esa época, que nunca
más quise realmente volver a un aula. Formar
chicos libres en un país de bases tan autoritarias es una gran responsabilidad.
Eran otras épocas pero aún hoy seguimos
peleando con los dueños de las vacas, los Martinez de Hoz o como se llamen.
Yo sigo armando espacios que nos permitan pensar libremente.
Bueno, es tarde, y la verdad es que Vilutis
sí tiene responsabilidades que asumir por su gestión en esos años.
Como buen inepto resultó ser muy dañino.
Sigue siendo un soberbio.
Cariños
Sara Vinocur ( ex de Tirri)
4.-Testimonio
del Profesor Puente
( Jefe de cátedra de Economía Política y
Organización Administrativa durante la década del ’60 y 70)
En el año 73, asume
Cámpora y con él, todo un grupo de
ultraizquierda. Los funcionarios de la UBA, y entre ellos las autoridades del Pellegrini , eran a mi entender, fascistas de izquierda:
iniciaron una despiadada persecución a muchos colegas. Yo venía, por otra parte, de una familia cuyo padre era simpatizante
del yrigoyenismo. Eso me acercó a Osvaldo Giorno que era un hombre que había actuado junto a
Frondizzi, creo que como director
general de educación.
En un momento me
entero de que iban a supervisar mis clases:
Giorno me lo había advertido; una joven mandada por la UBA supervisaría
mis clases. Tengo entendido que algunas profesoras, Bacigalupo
o Margarita Giró entre
ellas, fueron sometidas a idéntica
inspección.
Un día , veo a una joven en el aula y me informa que venía a presenciar mi clase por orden de la Universidad.
Le pregunté qué estudios o antecedentes tenía. Me
dijo que era sicóloga; le dije que no estaba autorizada para inspeccionar mi clase porque desconocía
mi disciplina y le dije que se retirara.
Luego de una acalorada discusión se
retiró.
Seguí
dando mi clase. Estaba muy enojado, yo era un profesor con muchos años de experiencia. Cuando terminé la
clase, fui a ver al Rector, quien había sido mi alumno hacia pocos años atrás: el
licenciado VILUTIS.
Me entrevisté con él
y lo encaré frontal y enérgicamente: algunos colegas dijeron que mis gritos se
escucharon hasta la plaza Rodríguez Peña.
Un día sorprendí a
los secretarios del Rector
revisando el libro que yo daba en Economía (Manual de Economia Politica de Benjamin Cornejo y Eulogio
Iturrió). Dicho libro era más de Derecho Administrativo que de
Economía Política. Ese libro tampoco
hacía propaganda política pero cubría una necesidad muy grande ante la falta de
otros manuales especializados.
Estaban investigando
mis clases y la bibliografía que yo daba. Estos muchachos populistas o
progresistas del peronismo pretendían soliviantar a los alumnos en contra de los profesores.
En el año 74 cuando
vuelvo a recomenzar mi curso, ya la escuela estaba muy politizada: había
persecución por razones ideológicas y no
se admitía tener diferencias con el pensamiento oficial. Ante esta situación de
intolerancia política, pido licencia y
finalmente renuncié a mis cátedras.
5.-EXCELENCIA O
CONTENCIÓN, DE NUEVO
Ernesto F. Villanueva
(Ex alumno y funcionario a cargo de la
UBA en 1973)
Los últimos
sesenta años de nuestra historia han estado signados por varias
confrontaciones. Una de ellas, importante para el tema, es la oposición entre
peronismo e intelectualidad. A diferencia de lo ocurrido en otros países de
América Latina, ha habido una escisión fortísima entre movimiento popular e
intelectuales progresistas. Y ello adquiere un significado particular a la hora
de la reflexión. Los que escriben son los intelectuales así que por fuerza el
peronismo ha tenido pocos voceros propios.
Sin embargo, en
estos tiempos que corren las cosas comienzan a ser diferentes: historiadores
menos apasionados por no haber sido protagonistas directos, el tiempo
transcurrido, los sufrimientos posteriores, ayudan a poner en perspectiva, diferencias, luchas, confrontaciones.
De ahí que sea
tan útil mirar aquel pasado con un objetivo pedagógico, el de aprender para que
la educación de hoy sea mejor. Y entiendo que la actualidad está cruzada por una
discusión -¿excelencia o contención?- que se
expresa numerosas veces en las páginas de El Pellegrinense. Esto es, ¿cuánto
de educación ?
Hace treinta y
cinco años la discusión era distinta. A mi juicio, los temas centrales eran, en
primer lugar, ¿ciencia para qué ?; en segundo lugar, ¿conocimiento libresco o
conocimiento práctico ?; por último ¿educación para todos o educación para una
élite ?. Esto es, ¿qué educación ? ¿cómo educamos ? ¿ a quienés
educar ?
La primera
discusión fue central a la hora de la modificación de planes de estudio de las
carreras universitarias: “la universidad al servicio del pueblo” expresaba la
necesidad de discutir la pertinencia –palabreja usada en la jerga de los
especialistas en educación- de los conocimientos impartidos, y en función de
ello, si los conocimientos nos eran útiles o no a los argentinos, es que se
llevaron adelante transformaciones en casi todas las carreras impartidas en la
Universidad.
La segunda
tenía que ver con corrientes pedagógicas muy en boga por aquel entonces. En
particular, Paulo Freire era casi palabra santa entre nosotros. El conocimiento
a partir de la práctica, constituía algo así como un principio que queríamos
aplicar a toda costa en casi todas las esferas de la actividad cognoscitiva.
La tercera tuvo
su expresión más fuerte en la admisión de todos aquellos que pretendían
ingresar a los estudios superiores. La dictadura militar había pretendido
contener la presión de los sectores medios por más educación y nosotros
pretendíamos dar una respuesta positiva a la misma.
Entiendo que
estas tres discusiones se expresaron también a la hora de la gestión en los
colegios secundarios de la Universidad. Ambos arrastraban un sesgo elitista que
no compartíamos, sesgo que tenía numerosas expresiones. En los reportajes se
habla del ingreso, pero también hay que recordar que se quitó un año para
asimilarlo a lo que acontecía con el resto de la enseñanza secundaria.
Por supuesto,
la expresión concreta de esta concepción fue medida por seres humanos, con sus
riquezas y sus miserias, y entiendo que los reportajes ( N.de la R.: creo que
se refiere a los testimonios vertidos en El Pellegrinense) muestran esas
modalidades individuales. Pero además, la
aplicación de estas ideas fue realizada en un contexto que pensábamos como
crisis revolucionaria y que demasiado pronto se reveló como una crisis de
hegemonía: en apenas tres años los mismos docentes reaccionarios,
pedagógicamente atrasados y autoritarios, se convirtieron en fiscales y jueces
de los cambios que apenas habíamos iniciado, justificando toda clase de
tropelías en nombre de la lucha contra la subversión.
Pero más allá
de aquel contexto histórico y de los perfiles individuales de implementación,
entiendo que la cuestión pertinente que rescato de aquel entonces, es que no había sólo una discusión por el cuántum de
conocimiento (excelencia vs. Contención) sino una reflexión fuerte acerca de la
orientación, las modalidades y el sujeto-objeto de la educación, temas estos
que me parece deberían matizar de manera mucho más fuerte el tema central de
estos días.



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